Hemos alcanzado el primer cuarto del siglo XXI nadando en la sobreinformación médica. Gracias a internet y a los doctores, omnipresentes en los medios, todo el mundo parece estar al día en dermatología, dietética, diabetes, pediatría, psicología… Contar con esa asesoría permanente es una ventaja. El problema es que en medicina, como en política, lo que para unos es trapo para otros es bandera, y con tantas corrientes y escuelas médicas coexistiendo, alcanzar consenso en ciertos asuntos parece una utopía.
No es de extrañar, pues, que el escritor Aldous Huxley, en un ejercicio de fina maldad, dijera que «la medicina ha evolucionado tanto que ya no quedan hombres sanos»
Aun así, esa falta de consenso es peccata minuta si lo comparamos con el historial de errores garrafales que ha acumulado la medicina, sobre todo en el pasado siglo.
Recordemos, por ejemplo, que en los años 20 y 30 se usaba el Radithor (agua radiactiva) como tónico para la salud; en los años 40 y 50 se aplicaban lobotomías para tratar la depresión, la esquizofrenia o la ansiedad; en los 50 algunos médicos aparecían en anuncios publicitarios recomendando marcas de cigarrillos; y en los 60 y 70 se consideraba que la leche artificial era más saludable para el bebé que la materna. No es de extrañar, pues, que el escritor Aldous Huxley, en un ejercicio de fina maldad, dijera que «la medicina ha evolucionado tanto que ya no quedan hombres sanos».
Que no se me entienda mal: la medicina es muy necesaria. Yo mismo estaría muerto a estas alturas si no fuera por el buen hacer de los doctores. Pero, dicho esto, entiendo que el exceso de avisos médicos, emitidos a diestro y siniestro, pueden llegan a generar neurosis en ciertas personas, sobre todo en nuestros mayores, tan centrados en esquivar los interminables peligros que se ciernen sobre el ser humano que no tienen tiempo para vivir la vida.
Por lo que a mí respecta, en asuntos de salud seguiré poniéndole una vela a Dios y otra al Diablo, no vaya a ser que seguir a rajatabla los buenos hábitos de salud me lleven antes a la tumba.
Francisco Rodríguez Criado es escritor
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