La condena en el caso Antipulpo busca más que una reparación monetaria o encarcelar personas de por vida. Su verdadero valor está en establecer condenas ejemplares que sienten precedentes morales y judiciales históricos para nuestra sociedad.

Quienes, sumándose al discurso de descalificación contra el Ministerio Público, se fijan solo en los años de cárcel o la indemnización económica, ignoran lo fundamental: por primera vez, un hermano de un expresidente ha sido llevado ante la justicia y condenado por corrupción. Si no valoramos esto, perdemos la lección más importante: nadie puede salirse con la suya.
Quienes exigimos #LosQueremosPresos debemos celebrar este avance sin distraernos. El objetivo es claro: un sistema severo e implacable contra la corrupción.
