En los últimos años, las redes sociales y la belleza han ido de la mano. Si antes eran las pasarelas y las artistas las que sentenciaban que color de pelo se llevaba, que estilo de maquillaje iba a ser tendencia o cuál era el corte más deseado. Sin embargo, con la llegada de estas aplicaciones, estas modas no solo se hacen más fugaces, sustituyéndose por otras igual de efímeras, sino que también llegan a un público más joven.
Esta influencia directa, junto con la normalización de los procedimientos estéticos que hacen en internet, ha hecho que proliferen tratamientos como los hilos tensores, el bótox o el relleno de labios con ácido hialurónico en mujeres de menos de 25 años, cuando hace años se recurrían a ellos muy pasados la treintena.
De la misma manera que un millennial acudía a la peluquería con el peinado que llevaba Jennifer Aniston en Friends, ahora es la Generación Z quien acude a su médico de confianza con la foto de su influencer favorita o la it girl del momento.
«Las redes sociales han cambiado por completo el acceso a la medicina estética» explica la doctora Carmen Górriz, subdirectora de la Unidad de Medicina Estética de IMR. «Antes los pacientes venían buscando resultados naturales; ahora muchas veces acuden con una foto de una influencer o un ‘antes y después’ de TikTok o Instagram».
Esto tiene una parte positiva, como una mayor información sobre los procedimientos estéticos y menos estigma, «pero también exige mucha responsabilidad por parte del profesional: explicar los límites, adaptar las expectativas y no replicar rostros, sino armonizar facciones. Es frecuente que nos pidan resultados similares a los de personajes públicos como Bella Hadid o Kylie Jenner, pero cada rostro es único y el objetivo siempre debe ser mejorar sin perder identidad«, cuenta la experta.
Por otro lado, estas estrellas han perdido el miedo a decir lo que se han hecho exactamente (como Kylie Jenner explicando qué tipo de implante de pecho tiene y cuál es la técnica que han usado) que, junto con una mayor accesibilidad tanto económica como tecnológicamente, hace que pasar por consulta sea mucho más fácil que antes.
¿Está contraindicado comenzar tratamientos de joven?
Aunque en un primer momento pudiéramos pensar que solo hay desventajas, la doctora Górriz lo matiza: «Sí hay ventajas si se hace bien: prevención del envejecimiento, mejora de la calidad de piel, corrección de inseguridades estéticas que afectan a la autoestima y evitar tratamientos más agresivos en el futuro».
Sin embargo, también destaca los riesgos que puede haber, que vienen directos de la autopercepción y el ansia por querer ajustarse a un canon de belleza irreal: «Los riesgos vienen cuando se banaliza el tratamiento: si se inicia demasiado pronto, sin indicación, o si se aplican técnicas inadecuadas (exceso de volumen, cambios en estructuras que aún no han terminado de desarrollarse). Además, un inicio precoz sin control puede generar una dependencia estética o distorsión de la autoimagen«.
Algo que busca dejar claro la experta, es que la medicina estética no consiste en seguir tendencias o parecerse a determinada famosa, sino en «preservar la salud cutánea, prevenir el envejecimiento prematuro y mejorar el bienestar emocional del paciente. El auge en pacientes jóvenes nos obliga a hacer una medicina estética aún más ética, basada en la prudencia, el diagnóstico personalizado y la educación sobre la autoimagen. Apostar por lo natural, por intervenciones sutiles y respetuosas con la anatomía facial es clave para que los tratamientos no solo sean eficaces, sino también sostenibles en el tiempo».
Cuándo es la edad ideal para empezar a ‘pincharse’
«Más que una edad ideal», aclara la especialista, «lo importante es tener una indicación clara, un diagnóstico estético adecuado y expectativas realistas. La medicina estética no debería seguir una moda, sino una necesidad concreta. En pacientes jóvenes, solemos actuar en casos muy específicos: asimetrías faciales marcadas, ojeras muy profundas hereditarias, acné inflamatorio que deja cicatrices importantes, o incluso prevención del envejecimiento si hay factores de riesgo (exposición solar intensa, pérdida precoz de colágeno, gesticulación muy marcada, etc.)».
Además de tener en cuenta el enfoque preventivo, correctivo o regenerativo que necesita cada piel, también hay que tener en cuenta el activo más adecuado según la edad del paciente, ya que las necesidades no son las mismas a los 20 que a los 30.
En torno a los 20-25 años, la Dra. Górriz recomienda «vitaminas, exosomas, polinucleótidos, inductores de colágeno suaves como la hidroxiapatita cálcica muy diluida o los skinboosters con ácido hialurónico no reticulado». Por otro lado, a partir de los 30 la cosa cambia: «neuromoduladores si hay líneas dinámicas marcadas, inductores de colágeno más potentes y rellenos estructurales si hay pérdida de volumen o deseo de realce natural. El objetivo siempre es preservar la naturalidad y prevenir, no transformar».

