
Para Simón, el tiempo no es solo lo que marcan las manecillas. Es un maestro exigente, y el sustento de cada día es una carrera constante. Nos cuenta que, aunque hace 17 años el negocio se movía más, él no se rinde. Cada mañana se levanta temprano en su casa al oeste de la ciudad y se dirige al centro, a su puesto, con la esperanza de tener una buena jornada.
«A veces no hacemos nada, y nos tenemos que ir a la casa como llegamos. Vivimos del día a día», confiesa con sinceridad. Y es que las ilusiones se construyen y, a veces, se esfuman en un instante. «Uno se hace una ilusión, ‘bueno, con esta plata voy a almorzar o voy a comprar algo para llevar a la casa’, y a veces el cliente no llega».

Una vida de oficios y un mensaje para los jóvenes
Antes de convertirse en el relojero del Arca, la vida de Simón fue un ir y venir de trabajos. «Fui taxista, trabajé la mecánica y la soldadura, hasta limpié zapatos y vendí periódicos cuando era un niño«, recuerda. Cada oficio le dejó una enseñanza, una experiencia que lo forjó.
«A medida que pasan los años, uno va aprendiendo, y los primeros relojes uno los echa a perder también», dice con una risa pícara, restándole importancia a los errores del pasado. Una de las cosas más difíciles en su trabajo, nos explica, es ganarse la confianza de la gente. «A veces no confían en uno porque lo ven a la intemperie y buscan siempre las relojerías de lujo», lamenta.
Al hablar del futuro de su oficio, la expresión de Simón se vuelve pensativa. A los jóvenes, el mundo de los relojes y los accesorios parece no atraerles. «No les gusta esto, se la pasan todo el día con el teléfono, no usan este tipo de reloj sino digitales», comenta.
Hoy, Simón vive solo en una residencia alquilada, sus hijos ya son adultos y su esposa falleció hace unos años. Pero su soledad no le quita la alegría ni el carisma. Al despedirnos, nos regala un mensaje, cargado de sabiduría y de la experiencia de una vida entera.
«Estudien y prepárense para el futuro. Busquen la paz y la humildad, que es muy importante. Hay que echar pa’lante».
Y así, mientras la vida de Barquisimeto sigue su curso, Simón Antonio Gutiérrez, el relojero del Arca, continúa reparando el tiempo de los demás, con la paciencia y la sabiduría que solo el paso de los años puede dar.
Oriana Lorenzo / Noticias Barquisimeto
