Era 2008 cuando Apple aterrizaba en España con la primera versión de su teléfono móvil: el iPhone 3G que, dependiendo de la capacidad de almacenamiento (8 GB o 32 GB), tenía un precio de entre 200 euros y 300 euros. Más de 15 años después, un iPhone supera con facilidad los 2.000 euros, más que el SMI español.
Esta misma semana, la tecnológica ha presentado el iPhone 17, incluidas todas sus versiones, (Pro y Pro Max), aunque realmente la noticia han sido los precios fijados. En España la compañía estima el modelo base, es decir el iPhone 17 de solo 256 GB, en 959 euros, mientras que los modelos superiores ya superan los 1.219 euros y hasta los 1.469 euros (para el iPhone Air de 256 GB, iPhone 17 Pro y Pro Max/256 GB). Otros 3 modelos superan los 1.500 euros, siendo la versión más cara el iPhone 17 Pro Max de 2TB de almacenamiento, que alcanza casi los 2.500 euros.
Una cifra aún más llamativa si se compara con otra estadística social: el Salario Mínimo Interprofesional en España para 2025 se ha fijado en torno a 1.184 euros al mes (en 14 pagas), lo que significa que varios modelos de la nueva generación de iPhone valen lo mismo o incluso superan el sueldo mensual de muchos españoles.
Si bien es cierto que Apple no vende igual en todos los países, las comparativas internacionales muestran que incluso en aquellos países con salarios más altos, la proporción del sueldo necesaria para adquirir las gamas más altas del iPhone ha crecido de la misma manera. Los precios en España incluyen IVA y un redondeo al alza común en toda la UE, lo que implica un valor por encima del de Estados Unidos, sin contar la influencia de los tipos de cambio y de los aranceles. Sin embargo, la tendencia es global: según Deutsche Bank Rasearch Insitute, Dinamarca y Finlandia eran los países más caros del continente para comprar el iPhone 16, mientras, Egipto, Turquía e India a nivel mundial.
2 SMI para un iPhone Pro Max
El primer smartphone en superar la barrera de los 1.000 euros fue el Samsung Note 8 en 2017, por entonces, el SMI español apenas superaba los 700 euros. Solo tres años más tarde, el Huawei Mate X, lanzado a principios de 2020 logró batir récords alcanzando los 2.000 euros; año en el que el SMI apenas rozaba los 950 euros. Así, la ecuación sueldo y teléfono móvil se ha convertido en una realidad y ya es posible poder medir el precio de los smartphones en «días de salario». Un desfase que además ha provocado que, a día de hoy, sea necesario acumular casi dos nominas mensuales interprofesional (16.576 euros anuales) para adquirir la versión más cara del nuevo iPhone 17.
Aunque España es uno de los países de Europa más caro al respecto, no es de los más costosos. Por ejemplo, en Turquía, el iPhone 16 se vendió durante 2024 por una media de 1.854 euros, casi 4 veces el SMI nacional, que se establece desde enero del pasado año en tan solo 520 euros (17.200 liras).
La realidad es son muchos los condicionantes que implican un aumento tan significativo de los precios de los teléfonos móviles que no solo afectan a Apple. Durante 2025, el Samsung Galaxy Z Fold 6 ha sido catalogado como el móvil más caro del mercado con un precio oficial de 2.100, seguido del iPhone 16Pro Max de 1 TB de almacenamiento (1.969 euros) y del Google Pixel Pro XL de 1 TB (1.689 euros).
El salto en capacidades tecnológicos (cámara, memoria, procesadores…) y la segmentación de producto (muy significativa la entrada al mercado de las versiones de gama media y alta, Air, Pro y Pro-Max) han hecho que el precio fijado de los smartphones haya aumentado desde hace unos años en la mayoría de los mercados desarrollados. Durante estos más de 15 años, el precio del iPhone se ha llegado a multiplicar por 10, pero las capacidades de almacenamiento también se han multiplicado por 32: desde los 8 GB que ofrecía Apple en el iPhone 3G hasta los 256 GB mínimos del iPhone 17.
La normalización de los precios
La normalización de estos precios tan alto implica una combina de factores industriales, culturales y también financieros. En primer lugar, Apple junto a sus competidores han reposicionado el smartphone como un producto de referencia que concentra múltiples gadgets, desde algunos principales como la cámara y la agenda, hasta las funciones añadidas de televisor o consola. Esa promesa de concentración de utilidades sirve para justificar psicológicamente costes elevados: pagar por que el centro de nuestra vida esta completamente conectado no es lo mismo que pagar por una simple herramienta. Los fabricantes, además, han aumentado la capacidad base con más memoria y cámaras de mayor resolución, al tiempo que elevan el precio de salida, desplazando la referencia del consumidor hacia cantidades de cuatro cifras.
Segundo, la industria financiera ha hecho el lujo asequible. Financiaciones, créditos a plazos, renovaciones con trade-in (entrega del modelo antiguo como descuento) o servicios ligados a la compra diluyen el golpe inicial. De hecho, Apple promociona directamente opciones de financiación y programas de renovación que convierten 1.300 euros en cuotas mensuales mucho menores, y eso cambia la percepción: ya no es un sueldo de golpe, sino una cuota parecida a la de otros servicios del hogar. Esa ingeniería comercial normaliza desembolsos que hace una década habrían parecido una extravagancia.
Tercero, el mercado del alquiler y la precariedad salarial refuerzan la sensación de resignación: si la renta media de una vivienda tipo en España ronda cifras que compiten con el coste de un iPhone (los informes sectoriales sitúan la renta media de una vivienda estándar en torno alrededor de los 1.100 euros), tener un móvil de gama alta pasa a ser, para muchos, una decisión entre pagar por techo o por conectividad y apariencia social. Dicho de otro modo: en muchas grandes ciudades el precio de un iPhone ya puede competir con una mensualidad de alquiler.

