Pacientes crónicos y trasplantados en Venezuela enfrentan una severa escasez de medicamentos vitales, como inmunosupresores y tratamientos oncológicos. La falta de medicinas en las farmacias de alto costo, sumada a la precariedad de las unidades de diálisis, convierte el acceso a la salud en una odisea llena de obstáculos y desesperanza.
Caracas. Al menos una vez al mes Marlys repite el mismo ritual: dejar atrás Ciudad Bolívar —una de las ciudades más importantes del oriente venezolano, ubicada a más de 600 kilómetros de Caracas—, recorrer más de seis horas de carretera y llegar a la capital con la esperanza de encontrar los medicamentos que le mantienen con vida.
Pero al llegar a la Farmacia de Alto Costo en Los Ruices, un centro público especializado en entregar fármacos gratuitos para enfermedades crónicas que administra el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss), casi siempre la recibe la misma frase: “no hay”.
La distancia, el cansancio y el gasto parecen leves frente a la angustia de que el riñón que recibió hace siete años comience a ser rechazado por la falta de inmunosupresores, fármacos que evitan que el sistema inmune ataque al órgano trasplantado.
Desde hace mes y medio, el micofenolato mofetil y otros inmunosupresores, es decir, medicamentos que regulan las defensas del cuerpo para impedir que destruyan el órgano trasplantado, se han vuelto escasos.
“Ya tengo mes y medio sin tomarlos, mi cuerpo ya me lo está diciendo. A veces me siento hinchada, me duelen los riñones. Es el miedo de que todo el esfuerzo sea en vano”, confiesa Marlys a Crónica Uno.
“Vuelva mañana”
El viaje hasta Caracas, la cola bajo el sol y la espera de una respuesta se han convertido en una rutina que siempre desemboca en la misma respuesta: “vuelva mañana”. La escena se repite una y otra vez, como un guion que nunca cambia.

Aunque cuenta con un familiar en Caracas donde puede quedarse, el gasto se duplica. Cada visita exige exámenes y reportes médicos recientes para poder retirar los fármacos. Estos informes —obligatorios para demostrar que sigue bajo control médico— tienen un alto costo y se vencen en pocas semanas, lo que obliga a repetirlos si no hay medicinas.
Marlys describe esta situación, constante desde hace casi un año, como un castigo por ser paciente crónico.
“Vienes de lejos, gastas lo que no tienes y luego te digan que el medicamento nunca llegó. Es desesperante”.
Cada vez que acude a la farmacia observa a su alrededor: un lugar colmado de personas con historias similares, muchas en condiciones aún más graves. “Uno ve el desespero de las personas y el maltrato de los trabajadores”, relata.
Meses de escasez
Como Marlys entre 2000 y 3000 personas trasplantadas en Venezuela enfrentan la misma incertidumbre, según datos de la Organización Nacional de Trasplantes de Venezuela (ONTV) hasta 2024.
Desde hace casi 10 años, el Gobierno no publica estadísticas actualizadas al respecto, por lo que resulta imposible contrastar esa cifra.
Al verificar las denuncias en redes sociales se corrobora que la respuesta es la misma en casi todas las 20 farmacias de alto costo del país: “No hay medicinas”.
La escasez afecta por igual a quienes padecen cáncer, esclerosis múltiple o lupus. Todas estas enfermedades requieren tratamientos permanentes y costosos, imposibles de cubrir en el mercado privado por los elevados precios.
El monitoreo del acceso a medicinas realizado por la ONG Convite indica que, entre 2022 y 2024, el desabastecimiento de fármacos para patologías crónicas —en específico hipertensión, diabetes, convulsiones, depresión, diarreas e infecciones respiratorias agudas— fluctuó entre un 28 % y un 35 % en las farmacias del país, un déficit constante que presenta variaciones regionales y por tipo de medicamento.
Escasez prolongada
Reymer Villamizar, fundador de la organización Amigos Trasplantados de Venezuela, afirma que la falta de estos medicamentos ha sido una constante. Aunque hubo entregas en junio pasado, la escasez de inmunosupresores persiste desde noviembre del año anterior.

Villamizar señala que el micofenolato, en sus dos presentaciones, es utilizado por el 80% de los trasplantados. Actualmente solo uno está disponible, lo que eleva el riesgo de complicaciones, ya que algunos pacientes no son compatibles con el micofenolato de sodio y no pueden combinarlo con otros inmunosupresores.
Este tipo de incompatibilidad significa que, aunque exista un fármaco disponible, no todos los pacientes pueden usarlo sin riesgo de rechazo.
La situación es igual de crítica con el Tacrolimus, otro inmunosupresor de referencia para trasplantados renales y hepáticos, que no se distribuye en Caracas desde hace siete meses y en algunas regiones acumula hasta 10 meses de escasez, pese a que el Ivss asegura haber retomado la entrega.
“Los pacientes no podemos esperar, porque se produce el rechazo. La inconsistencia en las entregas es alta. Otros inmunosupresores como la Azatioprina y la Ciclosporina (en sus presentaciones de 25, 50 y 100 mg) también han desaparecido de las farmacias, con una ausencia que se extiende por cerca de siete meses”,
precisa.
Madrugar sin esperanza
La falta de medicamentos se ha convertido en una odisea diaria para miles. Eugenia*, por ejemplo, llegó a las 3:00 a. m. del 10 de septiembre de 2025 a la Farmacia de Alto Costo en Los Ruices, Caracas. Llevaba tres días consecutivos acudiendo, con la misma expectativa y la misma frustración.
El relato de Eugenia ejemplifica un ciclo desgastante: madrugar, esperar y regresar a casa con las manos vacías. Esta rutina de sacrificio se convierte en una espiral interminable que agota tanto como la enfermedad misma.
“Ni madrugar me sirvió. Cuando fue mi turno, ya se había agotado uno de los dos medicamentos que estoy buscando. En farmacias privadas los hay, pero el costo es muy elevado y no me da, porque tengo la responsabilidad de mis hijos”.
Su lucha no es solo contra el lupus y el cáncer de cuello uterino, patologías autoinmunes y oncológicas que requieren tratamientos de alto costo y continuidad, sino contra la incertidumbre de no saber cuándo podrá acceder a sus terapias.
Han pasado ocho meses desde la última vez que tuvo en sus manos Leuprolide y Rituximab, dos fármacos de alto costo: el primero para tratar cánceres hormonodependientes y el segundo para enfermedades autoinmunes y linfomas.
Aunque en marzo de 2025 el Ministerio de Salud distribuyó fármacos gratuitos, la escasez en estas farmacias es una queja recurrente desde finales de 2024.

Poco personal en farmacias
Villamizar explica que la masiva afluencia del miércoles, 10 de septiembre, se debió a la llegada de un lote de medicamentos para varias patologías. No obstante, el proceso de entrega fue extremadamente lento.
Agrega que, pese a contar con buena infraestructura, la farmacia no dispone del personal suficiente para atender a la gran cantidad de usuarios. De sus 16 taquillas, solo cuatro están activas. Esto obliga a muchos a llegar el día anterior para garantizar su ingreso.
En teoría, estas farmacias fueron creadas para aliviar la carga de los pacientes con enfermedades crónicas, pero en la práctica se han convertido en espacios de largas colas, trámites burocráticos y esperas extenuantes.
En un recorrido realizado por Crónica Uno a principios de año, se constató que apenas tres taquillas funcionaban, de forma intermitente. El personal, además, atiende sin empatía y la información es a menudo confusa.
“Muchas personas, a las 10 de la mañana llegan, están cerrando la puerta y trabajan solo con los que pudieron entrar. A los demás les toca venir al día siguiente”,
explica el activista.
Este contraste entre infraestructura y capacidad de respuesta resume la paradoja del sistema: edificios nuevos con un servicio cada vez más precario.
Unidades de diálisis en crisis
La escasez de medicamentos es solo una de las batallas cotidianas de los pacientes renales. A ella se suman las fallas en las unidades de diálisis.
Estas unidades, vitales para quienes no tienen un riñón trasplantado, funcionan con graves deficiencias: falta de personal calificado, ausencia de plantas eléctricas que garanticen el servicio durante los apagones, escasez de agua potable, carencia de insumos básicos y deterioro de la maquinaria de ósmosis, un sistema que filtra y purifica el agua necesaria para el tratamiento.

Villamizar distingue dos tipos de unidades: las extrahospitalarias y las ubicadas dentro de los hospitales. Las primeras, en su mayoría privadas, pero subvencionadas por el Ivss, denuncian que no reciben los kits completos de insumos esenciales.
Esto incluye medicamentos como el Calcitriol, que previene problemas óseos, además de concentrados y dializadores, insumos básicos para que la máquina de diálisis pueda funcionar correctamente.
A la falta de insumos se suma que muchas unidades cuentan con máquinas de diálisis obsoletas. La mayoría se daña con frecuencia y el Ivss tarda en repararlas. Según la ONG Codevida, en 2023 al menos 15.000 pacientes renales estaban en riesgo por estas fallas, una cifra que ilustra la magnitud del problema.
Carrera sin fin
Pese a todas estas carencias, el activista reconoce un avance: la reciente inauguración de una moderna unidad de diálisis en Caracas, que ha absorbido a pacientes de otras clínicas.
Aunque representa un gran alivio gracias a sus equipos nuevos y personal suficiente, lamenta que este tipo de inversión no se replique en el resto del país, donde otras unidades reclaman desde hace años la repotenciación y un suministro constante de insumos.
Los datos y testimonios confirman que el acceso a medicamentos y tratamientos esenciales en Venezuela enfrenta una crisis sostenida, que evidencia la fragilidad del sistema de salud pública.
La escasez prolongada, la inconsistencia en las entregas y las deficiencias en infraestructura y personal reflejan un problema estructural que afecta a miles de pacientes con enfermedades crónicas y complejas.
Activistas y pacientes hacen énfasis en que garantizar el derecho a la salud no solo implica disponer de instalaciones, sino también asegurar la disponibilidad continua de fármacos, insumos y atención especializada. Estas condiciones son indispensables para preservar la vida y la dignidad de la población.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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