Una experta en nutrición revela qué productos alimenticios debe evitar temporalmente después de recuperarse de la gripe.
¿Cómo la gripe o un resfriado fuerte pueden afectar al aparato digestivo?
Pasar una gripe o un resfriado fuerte no solo puede dejarnos con cansancio, congestión o falta de apetito, sino que también puede afectar significativamente al aparato digestivo. La técnica superior en Nutrición y Dietética, Ana Luzón, explica que después de una infección respiratoria, el sistema inmune sigue activo, lo que puede alterar momentáneamente el equilibrio de nuestra microbiota intestinal.
La conexión entre el pulmón y el intestino
Luzón destaca que el pulmón y el intestino están más conectados de lo que pensamos. La existencia del llamado eje intestino-pulmón, una comunicación bidireccional entre ambos sistemas a través de mediadores inmunológicos y metabólicos, ha sido confirmada por varios estudios en los últimos años. Esto significa que cuando el cuerpo combate un virus respiratorio, la inflamación y los cambios en la microbiota pueden repercutir en el intestino, provocando digestiones más pesadas o incluso diarrea.
Alimentos a evitar después de una gripe
Durante unos días después de pasar una gripe, es recomendable dar un «descanso digestivo» al cuerpo, optando por alimentos templados, cocinados y fáciles de digerir. No se trata de eliminar grupos de alimentos, sino de adaptar la alimentación a un momento de recuperación. Ana Luzón enumera cinco comidas poco recomendables:
- Comidas grasas o fritas: Requieren un trabajo digestivo mayor y pueden provocar sensación de pesadez. Mejor optar por cocción al vapor, plancha suave o guisos ligeros.
- Ultroprocesados o productos con muchos aditivos: Cuando el cuerpo está en fase de recuperación, la prioridad es nutrir y reducir la carga inflamatoria. Evitar bollería, embutidos, snacks o salsas industriales facilita esa tarea.
- Alimentos y bebidas excesivamente fríos: Aunque no existe evidencia de que lo «frío» provoque daño directo, sí puede resultar incómodo cuando hay hipersensibilidad digestiva. Si la garganta o el estómago siguen irritados, las comidas templadas se toleran mejor.
- Verduras y frutas crudas en exceso: La fibra insoluble puede resultar más difícil de digerir en esos días. Cocinar las verduras o tomar la fruta en compota o asada facilita su asimilación y mantiene su valor nutricional.
- Bebidas con cafeína o alcohol: Ambas pueden irritar la mucosa digestiva y aumentar la deshidratación. En esta fase, la prioridad es reponer líquidos y electrolitos, no forzar al organismo con estimulantes.
El papel del descanso y la calma
Ana Luzón resalta que el sistema digestivo no solo responde a lo que comemos, sino también a cómo estamos. Estrés, prisa o falta de sueño influyen directamente en la motilidad intestinal y la microbiota. Tras una gripe, muchas personas intentan volver enseguida a su rutina habitual, pero el cuerpo aún necesita calma. Dedicar unos días a descansar, hidratarse bien y comer sin prisa es una forma real de autocuidado.
Escuchar al cuerpo
Finalmente, Ana Luzón aconseja «escuchar al cuerpo». En un entorno saturado de consejos contradictorios, es importante mantener una mirada flexible y basada en evidencia. No existen alimentos prohibidos, pero sí momentos en los que conviene dar al cuerpo lo que necesita. Después de una gripe, lo templado, cocinado y nutritivo suele ser mejor recibido. Y cuando la digestión se normaliza, no hay ningún problema en volver a incluir ensaladas, frutas frescas o tu café de siempre. La clave es escuchar el cuerpo sin caer en el miedo ni en los extremos. Comer con conciencia también es saber cuándo conviene simplificar.
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