A veces se busca la felicidad en grandes logros, aunque el cerebro la define de otra forma. Lo que realmente influye en el bienestar no son los momentos puntuales de euforia, sino el equilibrio entre energía, descanso y propósito. Esa armonía mental tiene mucho que ver con cómo funcionan sustancias como la dopamina y la serotonina, y con la manera en que la curiosidad mantiene el cerebro despierto y motivado.
Tres premios Nobel de Neurociencia como Arvid Carlsson, May-Britt Moser y Paul Greengard demostraron que la sensación de bienestar tiene cimientos biológicos. Sus hallazgos revelan que la felicidad no es un estado permanente, sino un proceso químico y emocional que se alimenta de la constancia, la exploración y el descanso.


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Paul Greengard y la química del ánimo
El investigador estadounidense explicó que la serotonina actúa como un mensajero que regula la comunicación entre las neuronas responsables de las emociones. Cuando esa señal falla, el ánimo se altera y pueden aparecer comportamientos depresivos.
Greengard señaló que “cuando los niveles de p11 bajan, los animales muestran comportamientos depresivos. Cuando aumentan, esos comportamientos desaparecen”. Esa observación cambió la forma de entender cómo influyen las moléculas cerebrales en el bienestar.


Paul Greengard (1925-2019), neurocientífico estadounidense. Premio Nobel de Medicina y Fisiología junto a Eric Kandel y Arvid Carlsson y por sus descubrimientos en la transmisión de señales en el sistema nervioso.
Hamilton College
También describió que la proteína p11 es esencial para que los receptores de serotonina funcionen correctamente. Si el cerebro tiene poca cantidad, la comunicación emocional se vuelve inestable. Por eso indicó que “las terapias antidepresivas actúan, al menos en parte, restaurando la función normal de los receptores de serotonina y con ello el equilibrio del estado de ánimo”. A partir de esa idea se comprendió mejor por qué algunos tratamientos farmacológicos devuelven la estabilidad emocional.
El trabajo de Greengard dejó una lección práctica: cuidar la biología es cuidar el ánimo. La luz solar, el movimiento físico, el descanso y el contacto social ayudan a mantener los niveles adecuados de serotonina. Cada acción cotidiana que regula el cuerpo influye también en el equilibrio emocional.
Qué aplicar en casa:
- Aprovecha la luz natural todos los días, aunque el cielo esté nublado.
- Come alimentos con triptófano como legumbres, plátano o frutos secos.
- Dedica tiempo a moverte, descansar y hablar con otras personas.
May-Britt Moser y la alegría de descubrir
La neurocientífica noruega vincula la felicidad con la curiosidad y la exploración. En una entrevista en el portal del Premio Nobel, comentó que lo que más le satisface es “la pura alegría de explorar la relación entre el comportamiento y el cerebro”. Esa pasión por entender cómo funciona la mente define su forma de ver la felicidad.


May-Britt Moser, neurocientífica, psicóloga noruega. Premio Nobel de Fisiología o Medicina, junto a John O’Keefe y Edvard Moser, por sus descubrimientos de células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro.
Moser combina su vida personal y profesional sin fronteras rígidas. En una conversación con IBSA Foundation, explicó que “tener dos hijos reales y un laboratorio como tercer hijo me ha dado una felicidad increíble”. Su ejemplo muestra que el bienestar surge de sentimientos clave, cuando lo que se hace cada día conecta con las propias motivaciones, sin renunciar a los afectos ni al descanso.
Esa mezcla de curiosidad y propósito tiene un efecto biológico. Explorar lo desconocido activa los circuitos cerebrales de la dopamina, lo que genera sensación de energía y gratificación. La propia Moser lo resume con su modo de vivir la ciencia: el placer no está solo en el resultado, sino en el proceso de aprender y compartir.
Qué aplicar en casa:
- Dedica tiempo a aprender algo nuevo, aunque sea un detalle.
- Mantén relaciones personales que den sentido al día.
- Busca actividades que despierten curiosidad sin competir ni compararte.
Arvid Carlsson y el equilibrio de la dopamina
El científico sueco descubrió que la dopamina controla tanto el movimiento como la motivación. Su investigación abrió el camino a los tratamientos del Parkinson, pero también reveló cómo esa sustancia regula la energía mental. Carlsson recordaba que “el bienestar no está en la euforia, sino en la armonía”.


Arvid Carlsson (1923- 2018) médico, neurocientífico sueco. Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2000 por sus investigaciones sobre la dopamina.
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Demostró que la dopamina actúa como un sistema de recompensa. Cuando se avanza hacia una meta, aunque sea pequeña, el cerebro libera esta molécula y aparece la sensación de progreso. Sin embargo, tanto el exceso como la carencia provocan desajustes. Un exceso genera impulsividad o nerviosismo, mientras que la falta causa apatía y fatiga.
Carlsson subrayó que el descanso y la constancia son esenciales para mantener la dopamina estable. Caminar, dormir bien y evitar los extremos ayuda a conservar la motivación. También relacionó la alimentación con la producción de esta sustancia, ya que se fabrica a partir de proteínas y nutrientes como la tirosina.
Qué aplicar en casa:
- Alterna trabajo con pausas reales para evitar saturación mental.
- Introduce metas pequeñas y realistas para mantener la motivación.
- Cuida la dieta con alimentos que favorezcan la producción natural de dopamina.
Una misma idea en tres caminos
Aunque cada uno estudió aspectos distintos del cerebro, los tres coincidieron en algo esencial: la felicidad es un equilibrio activo, no un estado permanente.
Greengard lo mostró desde la serotonina, Moser desde la curiosidad y Carlsson desde la dopamina. En conjunto, su trabajo demuestra que el bienestar se construye día a díacon descanso, aprendizaje, movimiento y relaciones humanas.
Guía práctica inspirada en sus enseñanzas conjuntas:
- Mantén rutinas estables y sueño reparador.
- Fomenta la curiosidad como motor mental.
- Cuida la alimentación y la luz natural.
- Busca relaciones y proyectos que den sentido.

