La zona de exclusión de Chernóbil: un vergel inesperado
En los 90, pocos años después del accidente en la central nuclear de Chernóbil del 26 de abril de 1986, un grupo de científicos liderado por la microbióloga Nelli Zhdanova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, se embarcó en un estudio de campo. Su objetivo era descubrir si en la zona de exclusión, un lugar que abarca 30 kilómetros a la redonda de las instalaciones, había vida y, en caso de que la hubiera, de qué tipo.
El descubrimiento de hongos resistentes a la radiación
La sorpresa fue mayúscula cuando detectaron que toda una comunidad de hongos de hasta 37 especies diferentes proliferaba alrededor del reactor. Todos tenían algo en común: en su mayoría mostraban un tono oscuro, incluso negro. Y entre ellos, destacaba Cladosporium sphaerospermum, un hongo que dominaba todas las muestras y que después se convirtió en el protagonista de muchos estudios posteriores e incluso de un viaje al espacio.
El secreto de aquellos seres, según señalaba el estudio que publicó el equipo de Zhdanova en la revista Mycological Research, no era otro que la melanina, una sustancia presente en la mayoría de organismos (incluidos nosotros mismos) que protege de la radiación ultravioleta a cambio de colorear de un tono más oscuro la piel.
La teoría de la radiosíntesis
Unos años después, en otro trabajo posterior publicado en 2008 propusieron la teoría de que este hongo y otros similares podrían estar recolectando la radiación para convertirla en energía (radiosíntesis), algo parecido a lo que hace la clorofila de las plantas con la luz. Sin embargo, tampoco pudieron encontrar el mecanismo exacto que supuestamente produciría toda esa energía.
El poder de la melanina en la zona de exclusión
El poder de la melanina fue desafiado más allá de Chernóbil y los laboratorios. Un experimento descrito en un artículo publicado en la revista Frontiers in Microbiology en 2022 llevó a C. sphaerospermum, el famoso hongo que crece en la central nuclear, hasta la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), donde le dejaron crecer en el exterior del laboratorio orbital, exponiéndolo a todo el impacto de la radiación cósmica.
Ranas morenas en Chernóbil
De hecho, el equipo de Orizaola fue testigo en la zona de exclusión del poder de la melanina en los animales. Caminando por el bosque, encontraron ejemplares de Hyla orientalis, unas ranas muy comunes en la región del Cáucaso, extendida hacia Asia Occidental. No obstante, este anfibio, que normalmente es de un color verde brillante, en Chernóbil presentaba un color oscuro, incluso negro en algunos ejemplares. La sorpresa llegó cuando, al analizar estas ranas ‘morenas’, no encontraron niveles de radiación más altos de lo normal.
Conclusión
Hongos con ‘superpoderes aparte’, lo que sí está claro es que, a pesar de la catástrofe radiactiva que marcó a Chernóbil, hoy, más de tres décadas después, la zona de exclusión se ha transformado en un inesperado vergel. La vida, en sus formas más resistentes y sorprendentes, ha encontrado su espacio en este territorio aparentemente maldito. Sin embargo, esta recuperación también nos invita a reflexionar sobre la verdadera amenaza para nuestro planeta: la actividad humana.
Fuente: Google

