Vivimos más que nunca. De hecho, tal como reveló Jane Fonda en una conferencia que concedió a TEDxWomen hace 13 años, este es uno de los grandes cambios de nuestro tiempo. Vivimos, de media, 34 años más que nuestros bisabuelos. Si lo piensas, es casi una vida adulta entera añadida a nuestra existencia. Un regalo que, sin embargo, nuestra cultura aún no sabe aprovechar del todo, porque seguimos pensando que la vida es un arco. Naces, creces, alcanzas tu máximo potencial en la adultez, y a partir de ahí, envejecimiento y caída libre.
Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si la edad no fuera una enfermedad, sino una etapa vital llena de sentido? Jane Fonda, actriz, activista y referente a sus 87 años, lo plantea con una claridad luminosa en esta famosa charla de la que hablamos. “Envejecer es como subir una escalera”, explica la actriz. Este cambio de perspectiva puede cambiarlo todo.
La revolución de la longevidad


En su charla, Fonda nos recuerda que a partir de los 60 años estamos viviendo lo que ella llama “el tercer acto”. Esas décadas finales de la vida que no deberían ser un simple epílogo, sino un capítulo nuevo. Una etapa de desarrollo diferente, pero profundamente satisfactoria.
“Resulta que la mayoría de personas mayores de 50 años se sienten mejor, menos estresadas, menos hostiles y menos ansiosas”, explica la actriz haciendo referencia a ciertos estudios, como el de la curva de la felicidad, que efectivamente revelan que estos son los años más felices de nuestra vida. “No es lo que esperaba, la verdad”, confiesa Fonda.
Y es que, como cuenta la actriz, al comienzo de sus 40, despertaba cada mañana con pensamientos negativos, algo que la asustaba. Pero su llegada al “tercer acto”, en el que se encontraba ya cuando dio esta conferencia, lo cambió todo. “Estoy en pleno tercer acto, y me doy cuenta de que nunca he sido tan feliz. Siento un bienestar tan profundo… He descubierto que cuando uno vive la vejez en lugar de mirarla desde fuera, el miedo se disipa. Te das cuenta de que sigues siendo tú mismo, quizás incluso más”.
Subir la escalera


Aunque son muchos los expertos que intentan explicarse a qué se debe este ascenso de la felicidad en los últimos años de la vida, lo cierto es que la teoría de Fonda resuena con la experiencia vital de lo mucho que ha vivido. “El mundo entero opera según una ley universal”, expone la actriz, “la entropía, la segunda ley de la termodinámica. La entropía significa que todo el mundo, todo, acaba entrando en estado de decadencia y deterioro”.
Sin embargo, revela Fonda con teatralidad, existe una única excepción a esta ley universal: el espíritu humano.
“El espíritu humano puede seguir evolucionando hacia arriba, como en una escalera, llevándonos a la plenitud, la autenticidad y la sabiduría”, comparte emocionada en su charla.
Esta ascensión tan conmovedora, explica Fonda en su discurso, se ve representada a la perfección en Neil Selinger. A sus 57 años, este abogado jubilado entró en el grupo de escritores de Sarah Lawrence, y comenzó a escribir. Dos años más tarde, le diagnosticaron ELA.
Jane Fonda encontró poco después un artículo escrito por Selinger. En él decía: “A medida que mis músculos se debilitan, mi escritura se fortalece. A medida que pierdo el habla, recupero la voz. A medida que menguo, crezco. Tras perder tanto, finalmente comencé a encontrarme a mí mismo”.
El tercer acto


El espíritu humano jamás deja de desarrollarse, independientemente del camino que recorra el cuerpo que lo contiene. Así que la apuesta de Jane Fonda es aprovechar al máximo este último acto, porque es en el que contamos con un espíritu más desarrollado. Con mayor sabiduría y autoconocimiento.
¿Cómo podemos hacerlo? Cambiando nuestra relación con el pasado. Para Fonda fue clave revisar su pasado, revisitarlo y aprender a perdonar. Perdonar a los demás, y perdonarse a si misma. “Puede que descubras, como yo, que muchas cosas que antes creías que eran tu culpa, muchas cosas que antes pensabas sobre ti mismo, en realidad no tenían nada que ver contigo”, explica la actriz en su conferencia. “Estás bien, y eres capaz de volver atrás, perdonarlos y perdonarte a ti misma. Eres capaz de liberarte de tu pasado”.
Este proceso sanador es el primer paso, el que nos permite alcanzar una auténtica sabiduría. Porque como dice la actriz, “no son las experiencias las que nos hacen sabios. Es reflexionar sobre ellas lo que nos hace sabios y nos ayuda a sentirnos completos”.
Este cambio puede ser, además, revolucionario. Porque como concluye la actriz, “las mujeres empezamos siendo completas, somos sujetos de nuestras propias vidas. Pero muy a menudo, a llegar a la pubertad empezamos a preocuparnos por encajar y ser populares. Y nos convertimos en objetos de la vida de otros. Pero ahora, en nuestro tercer acto, quizá podamos regresar al punto de partida y conocerlo por primera vez. Y si lo logramos, no será solo para nosotras”.
El mensaje de Fonda es, sin duda poderoso. Porque “las mujeres mayores constituyen el grupo demográfico más numeroso del mundo”, asegura, “por lo que, si logramos redefinirnos y sentirnos plenas, generaremos un cambio cultural mundial. Y servirá de ejemplo a las generaciones más jóvenes para que puedan repensar su propia esperanza de vida”.
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