Ante el suceso vergonzoso por el presunto fraude en los exámenes de residencias médicas, la Academia Argentina de Ética en Medicina estima necesario y oportuno formular una reflexión. La práctica de la medicina exige “vocación de servicio” (no se trata de sacerdocio, ascetismo, santidad ni pasión romántica). La destreza en una técnica médica es muy necesaria, pero la medicina también es ciencia, arte, ética y humanitarismo… Quien no lo entienda así, por favor, que se aparte y no denigre nuestra noble profesión.
Los médicos deberíamos ser valorados por la tarea que realizamos, pues no hay máquina que nos reemplace. Tenemos obligaciones, responsabilidades, pero también derechos… En el actual contexto de fragilidad moral y ética, donde la escala de valores sufre distorsiones, nadie cuida al equipo de salud, que se le exige abnegación y a la vez se le niega llevar una vida en condiciones dignas.
La ética deontológica nos indica cómo ser un “buen médico”, al cumplir con los deberes inherentes, pero además se necesita ser un “médico bueno”, es decir, cordial, humilde, honesto y con sensibilidad humana. Quien no lo entienda así, equivocó de profesión.
Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain PRESIDENTE DE LA ACADEMIA ARGENTINA DE ÉTICA EN MEDICINA rcataldi@intramed.net
La Secretaría de Industria y la Secretaría Pyme se esfumaron del organigrama del Estado. Y con ellas, dos figuras que -acertadas o no- intentaban sostener un puente entre el Estado y la producción: Esteban Marzorati y Marcos Ayerra. La explicación fue breve, casi automática: “Motivos personales”. Pero lo personal, cuando se trata de estructuras de gobierno, siempre es político. Y lo político, cuando toca a la industria nacional, nunca es neutro. ¿Ajuste técnico o amputación productiva? ¿Eficiencia o ceguera planificada? En un país donde más del 90% del aparato económico se sostiene sobre pymes, cerrar su secretaría no es sólo una reestructuración: es un mensaje. Y el mensaje es claro. Ya no hay interlocutor. Ya no hay mesa. Ya no hay Estado que las escuche. ¿Y ahora quién se sienta con las pymes que exportan sin subsidios? ¿Quién escucha al carpintero, al metalúrgico, al productor de alimentos que certifica con el INTI, que cumple normas, que da empleo genuino? ¿O acaso el único plan es resistir sin preguntar? El Gobierno habla de “consolidación”. Pero una consolidación que empieza por borrar a las pymes de la agenda oficial se parece más a un error quirúrgico que a una cirugía planificada. No todo lo que achica, sana. No todo lo que calla, resuelve. Si el Estado deja sin voz a quienes generan empleo, producción y esperanza, entonces no estamos ante un ajuste sino ante un abandono. ¿Quién cuida hoy a las pymes? ¿Quién defiende su lugar en la mesa del desarrollo? ¿Quién explica que sin ellas no hay país posible?
Liliana Cánaves canavesliliana@gmail.com
Más allá de los cuestionamientos a los cambios de los centros de votación, me parece más preocupante las omisiones en los padrones electorales. En especial, la de aquellos que deben sufragar por primera vez en razón de su edad. La no renovación del DNI, por ejemplo, como justificación de la exclusión, me parece una trivialidad frente a la envergadura del acto que configura la mayor expresión de la soberanía popular y de la forma de vida democrática. Es imperioso en este mes agregar al padrón (o incluirlos en padrones complementarios) a aquellos que conforme la Constitución y la ley electoral tienen el derecho a elegir a sus representantes.
Miguel Ángel Reguera miguelreguera@yahoo.com.ar

