Vivir el presente es aprender a saborear el momento actual con profundidad, sin estar atrapado en el pasado ni angustiado por el futuro. Y es importante poner empeño en lograr eso porque el ahora es el único tiempo que tenemos realmente entre las manos y sobre el que podemos incidir en algún grado. No tener en cuenta eso puede llevarnos a la culpa o a la frustración.
Hay sentimientos con predominio del pasado, del presente y del futuro. En cada uno de ellos el factor tiempo es primordial porque es lo que marca su diferenciación y también puede definir nuestra postura.


El «ahora» es el único tiempo que tenemos realmente entre las manos
- El sentimiento puede ser retrospectivo y mirar hacia atrás: la tristeza, la melancolía o el remordimiento por algo que vivimos, que hicimos o que dejamos de hacer son claros ejemplos de ello.
- Puede, en cambio, llevar a permanecer en el presente, en ocasiones, demasiado para no pensar ni en lo ya vivido ni en lo que está por venir.
- Finalmente, los sentimientos pueden tener una manifiesta perspectiva de futuro que, si se desboca, puede derivar en ansiedad, que no es otra cosa que adelantarse en negativo o presagiar lo peor.
Como vemos,conviene que haya un equilibrio entre todos esos sentimientos para acercarnos al punto medio, relativizar lo que nos ocurre y saber apreciar las pequeñas cosas que, siendo pequeñas, aportan felicidad.
Algunos consejos nos ayudarán a conformar esa hoja de ruta, a llegar a ese punto medio que nos permita disfrutar de lo que estamos experimentando en el presente sin perder de vista otras realidades y sin caer en idealismos o extremismos que, a medio y largo plazo, podrían traer más padecimientos que alegrías.
Primero, sanar las heridas del pasado
Tener madurez psicológica significa estar instalado en el presente intentando sacarle el máximo partido; haber sido capaz de reconciliarse con el pasado, con todo lo que eso significa (aceptarlo, cerrar heridas, perdonar y también perdonarse, pasar las páginas negras de un tiempo que ya se fue y olvidar todo ese material que puede estar ennegreciendo la existencia) y vivir abierto hacia el porvenir, a los objetivos de futuro, que se transforma en una dimensión muy rica si hay ilusiones.
Cuando se disuelven las vivencias negativas del ayer, se saborea el hoy en lo que ha sucedido y, de alguna manera, el mañana asoma con buenos presagios y esperanzas, podemos sentir un mayor grado de satisfacción con la vida, y también de placer y de calma porque vibran al unísono esos tres tiempos.
Comencemos por el principio: saber olvidar lo negativo. Lograrlo es dar pasos importantes hacia la salud mental. Porque lo contrario, la incapacidad para olvidar lo malo, puede convertir a una persona en amargada, dolida, neurótica…
Hay quien necesita ayuda para superar –o para aceptar– el pasado y, en esos casos, desde la Psiquiatría, aplicamos lo que denominamos psicoterapia operativa. Le ayudamos a hacer “una cirugía estética” de su historia personal, con una lectura más positiva de su trayectoria. Esa excursión retrospectiva ayuda a cerrar heridas, a suavizar segmentos dolorosos y a tener otra mirada sobre aquellas parcelas especialmente conflictivas.
Ya con el capítulo cerrado, debemos procurar que la veteranía sirva como un arsenal de conocimientos para tener, en el presente y en el futuro, una mejor experiencia de vida.


Debemos procurar que la veteranía sirva como un arsenal de conocimientos para tener una mejor experiencia de vida
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Buscar la armonía en el presente
No se trata de vivir solo el instante, como hacen las filosofías o las personas hedonistas (que ponen continuamente el foco en aumentar el placer y disminuir el dolor), sino de integrar el presente en un proyecto más general.
Vivir y disfrutar del presente no es desconectar del tiempo, sino conectar con uno mismo y con lo esencial, en una vida guiada por valores, metas y serenidad interior.
¿Y cómo conectar con uno mismo?
Para lograrlo es fundamental autoexplorarse, analizar cómo somos, cuál es nuestra forma de ser, de responder y de actuar. Y, una vez hecho, tenemos que ser tolerantes con nosotros mismos. Mejorando aquello que podamos, pero sin autocastigarnos. Conectar con nuestro “yo” interior nos acerca a vivir todo con más armonía.
Luego podremos pasar al siguiente nivel, que es tener ideas muy claras de lo que soy y de lo que quiero. Porque si conozco mis limitaciones y mis posibilidades (intentando ser lo más objetivo posible al hacerlo, como si analizara a otra persona) puedo saber hasta dónde llego, qué hacer para superarme y conseguir más felicidad en mi día a día e, incluso, cómo relativizar lo que aparentemente es negativo.
Con todo eso en orden, seguramente el disfrute del presente caiga por sí solo en muchas ocasiones que, sin ese autoconocimiento, no habían resultado satisfactorias.


Es fundamental autoexplorarse, analizar cómo somos, cuál es nuestra forma de ser, de responder y de actuar
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Pongamos como ejemplo una reunión familiar: quizá mi mente imaginó que iba a transcurrir en un lugar idílico y con todo tipo de cosas materiales alrededor; pero, en realidad, se produce en la casa “de siempre” y con los elementos “de siempre”.
¿Hará eso que la reunión sea menos feliz? Seguramente no, porque si adopto una actitud positiva y alegre, podré contagiar a otros miembros de la familia y acabar logrando que todo transcurra de forma distendida y agradable.
ESTAR FELIZ
Quizá deberíamos sustituir la expresión “ser feliz” por “estar feliz”, porque la felicidad absoluta no existe; existe la felicidad relativa (la puntual y la estructural, como dije al inicio de este artículo). Ser feliz tiene una cierta prolongación temporal, que se alarga; en cambio, estar feliz se refiere más al presente, al momento actual, es un paisaje positivo transitorio.
Puesto que lo que ocurre ahora es lo que más podemos modificar por nuestra actitud o por nuestras decisiones, es más lógico decirnos a nosotros mismos que ahora estamos felices. Y cuantas más veces nos lo recordemos (más valoremos lo que nos está ocurriendo), más sensación de felicidad y de aprovechar el presente tendremos.
Equivocarnos en las expectativas impide disfrutar del ahora. Yo tengo una fórmula de la felicidad que consiste en dividir los resultados obtenidos entre las expectativas que tenía. Cuando mis expectativas son moderadas, todo va mejor. Pero cuando espero mucho, llega el desencanto si los frutos han sido menores.


Quizá deberíamos sustituir la expresión “ser feliz” por “estar feliz”, porque la felicidad absoluta no existe
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Sin embargo, que los frutos hayan sido menores no significa que no tengan ningún valor o que yo haya fracasado, porque pueden haber influido muchos otros factores externos. Si me esforcé en conseguir algo y logré algo (no todo), ya puedo sentirme a gusto conmigo mismo y disfrutar de esos logros.
Sin temer el futuro
Es una delicia soñar con lo que está por venir, pero teniendo al menos un pie en la tierra. El futuro es una dimensión muy prometedora porque siempre podemos esperar cosas buenas. Si no se pudo cambiar el pasado, sí se puede hacer mucho por diseñar el futuro.
- Un aspecto fundamental de la felicidad es la ilusión. Una persona se hace vieja cuando tiende siempre a sustituir sus ilusiones por sus recuerdos, cuando mira más hacia atrás que hacia delante.
- Pero sin estar a la espera de que pase algo bueno. Si la mirada está puesta continuamente en lo que está por venir, es muy posible que minusvaloremos lo que tenemos o experimentamos ahora. De ahí lo que decía antes: tener siempre un pie en la tierra.
- Tampoco conviene caer en el miedo anticipatorio. Ese estar en guardia, al acecho, pensando en la posibilidad de que se repita una crisis ya vivida o unos problemas serios ya superados, nos impedirá igualmente vivir el presente. Porque entonces se formará un malestar de fondo y nuestras vivencias estarán empapadas de ese miedo a un futuro incierto. Presentir es, como su nombre indica, una experiencia afectiva de adelanto pesimista. Intenta que no te domine.
Vivir es proyectarse. La vida es una operación que se realiza hacia delante y no va bien sin buenas dosis de olvido y sin buenas dosis de ilusión. Como digo siempre, la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.
Con esa base firme, podremos tener más herramientas para evitar que otros tiempos marquen nuestra existencia presente en negativo. Y para utilizar el ahora como el mejor trampolín que nos dé buenos momentos en el futuro.
Qué hacer cuando algo sale mal
Todos hemos sentido, en algún momento, frustración por algo que salió mal. Si el asunto no fue grave, en realidad las frustraciones son necesarias porque ayudan a madurar la personalidad. Son como pequeñas o medianas pruebas que nos examinan sobre cómo somos capaces de superar las adversidades y relativizarlas.
No dejes que nuble el resto de tu vida. Que algo haya salido mal no significa que todas las esferas de tu vida sean negativas. Si has tenido ese pensamiento, es momento de hacer una lista con esas pequeñas grandes cosas que te están dando felicidad relativa o puntual, la que nos llena cada día.

