El Impacto de las Megaconstelaciones de Satélites en la Astronomía
Cuando hace poco más de un lustro se comenzó a hablar del impacto de las megaconstelaciones de satélites en las observaciones astronómicas, la respuesta de muchos, empezando por el propio Elon Musk, fue que se debían trasladar los telescopios al espacio. Dejando a un lado que un telescopio espacial cuesta un orden de magnitud más que un telescopio terrestre, ¿estamos realmente seguros de que no afectarán seriamente a telescopios espaciales en órbita terrestre? Un reciente artículo en Nature a cargo de Alejandro Borlaff, Pamela Marcum y Steve Howell confirma que, efectivamente, trasladar los telescopios a la órbita baja (LEO) no es suficiente.
Los Problemas de la Órbita Baja
Por el momento el problema no es acuciante. Pero recordemos que no solo hablamos de Starlink: varias megaconstelaciones están comenzando a ser desplegadas en estos momentos —como Amazon Leo (antes Kuiper) o las chinas SatNet y SpaceSail— y muchas más lo serán durante la próxima década. Se estima que el número actual de satélites —actualmente hay casi 9400 Starlink en órbita— es solo el 3% de los que habrá en diez años. Y es que alrededor de 2040 podría haber en órbita cerca de medio millón de satélites en LEO. Con semejante cantidad de objetos en el espacio, hasta un tercio de las imágenes del telescopio Hubble estarán afectadas con trazas de satélites (incluso si el Hubble ya no está en servicio, esta conclusión es extensible para cualquier telescopio espacial con un campo de visión y una órbita equivalente).

Consecuencias para los Telescopios Espaciales
Y recordemos que el Hubble tiene un campo de visión relativamente pequeño comparado con la nueva generación de telescopios, dotados de sensores más grandes y enfocados muchos de ellos en estudios de todo cielo (surveys). Como resultado, misiones dedicadas a explorar toda la bóveda celeste, como el observatorio infrarrojo SPHEREx de la NASA, el telescopio espacial chino Xuntian o el satélite europeo ARRAKIHS —con fuerte participación española— para el estudio de la materia oscura sufrirán la contaminación de las trazas de los satélites de forma grave: nada más y nada menos que hasta el 96% de las observaciones de estos instrumentos estarán contaminadas por la luz de los satélites con al menos una traza de los mismos.

La Necesidad de un Marco Normativo Internacional
Los autores del artículo calculan que con 560 000 satélites en órbita baja, las imágenes del Hubble tendrán de media 2,14 trazas de satélites, mientras que SPHEREX tendrá 5,64, ARRAKIHS unas 69 y Xuntian, 92. ¿La solución? Evidentemente, y como llevamos reclamando desde este blog hace ya más de un lustro, hace falta un marco normativo internacional que, por el momento, ni está, ni se le espera. Reducir la altitud orbital media de los satélites es una ayuda —aunque, cuidado, algunos operadores como Starlink eligen esta opción no a raíz de su preocupación por la astronomía (o no solo), sino para reducir la latencia en las comunicaciones—, pero, a cambio, genera problemas como la contaminación de la alta atmósfera por parte de óxidos metálicos —que pueden dañar la capa de ozono— o el posible impacto —en este caso literal, no metafórico— de restos en aeronaves y zonas habitadas.

Conclusión
La mejor solución, claro está, es mover los telescopios astronómicos más allá de LEO, al punto de Lagrange ESML2, por ejemplo, donde ya están observatorios como el JWST o Euclid. Pero enviar un satélite a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra presenta otra serie de desafíos relativos a las comunicaciones o el precio de la misión (necesitas un cohete mayor). ¿Matarán las megaconstelaciones a los observatorios en órbita baja? Esa parece ser la tendencia.

Referencias
- https://www.nature.com/articles/s41586-025-09759-5

